Cuatro semanas por Gran Bretaña

Cuatro semanas por Gran Bretaña

Con especial atención a Escocia

Siempre hemos pensado que la calidad tiene un precio que vale la pena pagar. En este viaje se ha reforzado nuestro convencimiento puesto que la alta calidad de los materiales de nuestra Hymer nos ha salvado, si no el tipo, sí, seguro, las vacaciones, tan esperadas, tan deseadas. Han sido cuatro semanas de paseo por Inglaterra, Gales y, sobre todo, Escocia.

Un viaje hasta la verde Escocia pasando por Inglaterra y Gales.

por María José Caldentey

Revolotean las gaviotas, nerviosas, alrededor del barco. Unos quinceañeros les echan pan y, raudas, cazan los mendrugos al vuelo. Las más atrevidas se lo llegan a quitar de las manos. Es un espectáculo y un entretenimiento para pasar la casi hora media que tarda el ferry en cruzar de Calais a Dover. Hace sol y pronto se divisan las escarpadas y blancas paredes de los acantilados ingleses.

El centro histórico de Canterbury cuenta con edificios históricos, cafés y una animada vida a cualquier hora.

Salimos de Sant Felíu de Codines (Barcelona) con nuestra autocaravana Hymer hace tres días, pero nos hemos entretenido uno visitando Lille ya que pasábamos al lado de esta ciudad, famosa por su bonito centro histórico. En realidad bastaban dos días para realizar el trayecto, pues son 1.325 km todo por autopista.

Desembarcamos sin problemas a las cinco de la tarde de nuestros relojes, una hora más en la isla, y descubrimos que conducir por la izquierda no es tan difícil como temíamos, sólo hay que ir con cuidado en las rotondas. El problema, en cambio, que descubrimos casi enseguida, es que fuera de las autovías y autopistas (todas gratis) o las carreteras son muy estrechas o nuestra Ac muy grande y, claro, la que va en el lado de la mediana de la carretera ¡soy yo!; total: pronto me acostumbro a cerrar los ojos cuando veo que nos vamos a cruzar con un camión, no se trata de andar sufriendo cuatro semanas, y ya se sabe que «ojos que no ven…».

No sin problemas llegamos al camping Canterbury C&C Club Site, nos ha costado encontrarlo. Por suerte la gente es muy amable y nos han ido guiando.

SEGUNDO día, CANTERBURY y «ROYAL TUMBRIDGE WELLS»

Como hace sol cogemos la moto (una Scoopy 49 cc) que llevamos embarcada —nuestra Hymer tiene un garaje enorme— para desplazarnos más cómodamente. Visitamos la catedral de Canterbury, sede de la iglesia anglicana y tan magnífica como nos habían contado. Y nos sorprende muy agradablemente, por inesperado, el encanto de la ciudad que rodea la catedral: parece tal cual que estemos en la Edad Media. Paseamos por su centro histórico, peatonal, contemplando las mansiones y palacetes que se asoman a los canales que lo cruzan y compramos cerezas, buenísimas, en uno de los numerosos puestos callejeros instalados en la «calle Mayor».

Después no podemos resistirnos a pasear, en moto, por la famosa campiña inglesa ya que estamos en el condado de Kent y el tiempo sigue acompañando. Por supuesto, tomamos el té —a las cuatro, no a las cinco— acompañado de unas deliciosas galletas de mantequilla que ya no dejarán de acompañarnos durante todo el viaje.

De regreso a nuestra «casita» nos perdemos. No hay manera de encontrar el camping. Paramos en la cuneta para estudiar el mapa y un motorista se ofrece a ayudarnos. ¡Al final acaba llevándonos hasta casi la misma puerta del camping. ¿Alguien pensaba que los ingleses eran antipáticos con los extranjeros?

Visitando el «College Christ Churh», en Oxford.
TERCER DÍA, CANTERBURY-OXFORD

Como conocemos Londres y estamos en el mes de julio, o sea, época turística a tope, preferimos olvidarnos de la capital en este viaje, así que la «saltamos» y nos dirigimos directamente a Oxford. Para no meternos en líos de tráfico y de calles estrechas nos dirigimos directamente a uno de los cinco «Park & Ride» de Oxford, aparcamos allí pero en lugar de coger el autobús que te lleva al centro bajamos nuestra moto. Gran acierto puesto que la calle de entrada a la ciudad está colapsada de tráfico y la moto nos permite adelantar el embotellamiento. De todas maneras disfrutamos contemplando estas calles tan inglesas, flanqueadas por casas —en su mayoría de ladrillos rojos—, todas con sus jardincitos en la entrada, muy cuidados y, en esta época del año, llenos de flores. Así, aparcamos en el mismísimo centro y mientras tomamos un café en una de las «Costa Café» (las únicas cafeterías en las que el café no es malísimo) charlamos con el camarero que resulta ser español y nos informa de que tenemos suerte pues es el día de «puertas abiertas» de los Colleges. Nos dirigimos al archiconocido Christ Church College, fundado en 1524, el más grande y más famoso de la universidad de Oxford y el único en el mundo que tiene catedral, pero famoso también ahora porque ha sido lugar de rodaje de las películas de Harry Potter y de su «dinning hall» se hizo una copia exacta en los estudios de cine para rodar las películas de este niño-mago. Y también en este College el profesor Lewis Carroll se inspiró para escribir «Alicia en el país de las maravillas», siendo la verdadera Alicia la hija del entonces director. Interesante es también la enorme campana del siglo XVII, de la Tom Tower, situada sobre la puerta de entrada, que —dicen, no lo comprobamos—, cada noche a las 21,05 horas suena 101 veces en recuerdo de los 101 estudiantes que había en la época y cuyo repique señalaba también el toque de queda que cerraba las puertas del College.

Paseamos por el centro de la bulliciosa ciudad, sobre todo por la High Street, vía amplia, peatonal, muy comercial y bordeada por hermosos edificios. Cuando ya cae la tarde sorteamos de nuevo las caravanas de coches y salimos de la ciudad para dirigirnos al camping Diamond Farm.

cuarto día, OXFORD–STRATFORD-UPON-AVOn–YORK
Fachada de la casa natal de Shakespeare, en Stratford-Upon-Avon.

Utilizamos de nuevo el servicio de Park & Ride, que tan útil nos está resultando, al llegar a la ciudad natal de Shakespeare. Stratford-Upon-Avon es una pequeña y encantadora ciudad en donde todo está dedicado al gran escritor. Conserva la casa natal (nació en 1564) y su tumba (1616), así como otros lugares que frecuentó.

Atravesamos los bosques de Sherwood (donde vivía Robin Hood) y llegamos a York sobre las 3 de la tarde. York es una histórica ciudad fortaleza. Fundada en el año 71 por los romanos, se convirtió en una de las dos capitales de la Britania romana. Los vikingos tomaron la ciudad en el 866, renombrándola Jórvic, y fue la capital del reino normando. En 1970 descubrieron, en unas excavaciones, una parte del poblado vikingo; los arqueólogos reconstruyeron, en lo que ahora es un sótano enorme, dos calles tal como debió verlas el viajero que llegara en el año 975: las casas, los artesanos trabajando, los ruidos, los olores y este poblado es lo primero que visitamos. Después paseamos por el casco viejo, el antiguo barrio de carniceros, las murallas y la catedral con unas vidrieras bellísimas. Vamos a dormir al Rowntree Caravan Park, muy cerca de la ciudad pero pequeño, lleno y caro.

quinto día, YORK-WHITBY-A68

Dejamos la línea recta que nos lleva hacia las highland para dar un rodeo y acercarnos al mar. Whitby es un pueblo de pescadores bañado por las frías aguas del mar del Norte, con empinadas callejuelas y casitas encantadoras. Almorzamos en un restaurante del centro, pescado con patatas fritas, que parece ser el plato nacional. Durante el paseo vemos alusiones al Conde Drácula y es que en este puerto es donde se inicia la novela del famoso vampiro. Como llueve y hace fresco tras el almuerzo reiniciamos camino hacia Jedburg. Conduzco un rato y me divierte experimentar el ir por la izquierda aunque tengo los cincos sentidos puestos, no vaya a ser que me equivoque. El paisaje es cada vez más verde (también hace cada vez más frío), abundan las granjas de cerdos y las ovejas diseminadas por las colinas.

Cansados, no llegamos a Jedburg, paramos en un agradable camping (15 libras con electricidad) que encontramos en la carretera A68.

York es una histórica ciudad-fortaleza que conserva parte de sus murallas y un casco antiguo intramuros.
SEXTO día, ESCOCIA: JEDBURGH – EDIMBURGO

Por fin atravesamos la frontera con Escocia. De hecho el objetivo principal de nuestro viaje es este país. La frontera está clarísimamente señalizada en la carretera, con una zona de aparcamiento presidida por una gran bandera escocesa. Jedburg es un pequeño pueblo que nos hace ilusión recorrer por ser el primero de Escocia; visitamos las ruinas de lo que debió de ser una magnífica abadía y dejamos de ver la casa en donde se alojó María Estuardo.

Y llegamos a Edimburgo, la capital de Escocia. Primero nos dirigimos al camping Caravan Club, situado al lado del mar pero muy céntrico, limpio, ordenado, amplias parcelas. Almorzamos y a las 14 horas ya estamos aparcando la moto en la mismísima «Royal Mile» que comprende el eje Canongate y High Street, que comunica el castillo con el palacio Holyrood Palace, residencia aún hoy de la reina cuando visita esta ciudad. Nos dirigimos a visitar el castillo en cuyo patio están levantando ya las gradas para el famoso Festival Internacional de Edimburgo que se celebra todos los años en agosto. El castillo preside la ciudad pues se halla a 135 m de altitud, sobre un volcán apagado. Es muy bonito pero está demasiado lleno de turistas. Paciencia. Y, al salir, el gran chubasco. Hasta ahora nos habíamos escapado, casi cada día llovía a una hora u otra pero no nos «pillaba», apenas una llovizna, pero ahora va en serio. Además hace frío. Intentamos pasar el tiempo visitando una enorme tienda (3 o 4 pisos) de productos del país: cuadros escoceses por todas partes, jerseys de lana, boinas, mantas, galletas, mermeladas. Al rato parece que para la lluvia. Paseamos pero hay tanto charco que tengo los pies mojados y helados: ¡menos mal que venden unos estupendos calcetines de lana escocesa! Conseguimos recorrer toda la famosa calle, observar las hermosas fachadas (algunas de los siglos XVI y XVII), descubrir los curiosos callejones («courts»)… pero el tiempo apenas mejora por lo que decidimos retirarnos a cenar a nuestra «casita». No hace ni dos minutos que circulamos con la moto cuando vuelve a diluviar y, encima, nos perdemos. Menos mal que conservamos el buen humor y tras un rodeo —y la ayuda de unas amables jovencitas— conseguimos llegar al camping.

séptimo día, EDIMBURGO y excursion: MUSEUM OF FLIGHT–NORTH BERWICK
Un rincón de Windermere, dentro del Parque Nacional del Distrito de los Lagos.

Dedicamos la mañana a una de las aficiones de mi marido: los aviones. No muy lejos de Edimburgo, en los alrededores de Haddington, se encuentra el «Museum of Flight» instalado en una base abandonada de la RAF. Se trata de una interesante exposición de máquinas voladoras de todos los tiempos distribuidas en cuatro hangares, lo que demuestra, una vez más, el respeto que los ingleses tienen por todo lo antiguo, su interés real en conservarlo y el don de convertirlo en un museo. Al salir nos dirigimos a North Berwick, un pueblo de veraneo con un cierto aire victoriano que contempla una enorme roca que emerge en medio del mar de forma espectacular a unos pocos cientos de millas de la playa. Después de comer regresamos a Edimburgo para seguir paseando por esta bonita capital, hoy, sí, con sol. El camino de regreso, por un carretera secundaria casi pegada al mar resulta de lo más agradable: por los paisajes, salpicados de campos de golf, el mar, los plataneros marcando los bordes de la carretera, las casas con sus jardincitos llenos de flores y, de vez en cuando, a nuestra derecha, el mar.

En Edimburgo visitamos el Palace of Holyroodhouse (el de la reina), la plaza de Grassmarket y la «New Town», un barrio que es símbolo de la arquitectura georgiana: Princes Street, Queen Street, Charlotte Square… calles muy elegantes, simétricas y armoniosas.

octavo día, EDIMBURGO

Seguimos en Edimburgo dedicando el día al relax: paseos por la playa y los jardines que tenemos cerca del camping, compras y paseos por el centro y lectura. En la capital, como no tenemos prisa nos sentamos a escuchar a unos músicos callejeros que tocan realmente bien, y también nos detenemos a observar a un gaitero vestido impecablemente de escocés que se encuentra en la entrada de un hotel de super lujo. Cada vez que llega un cliente el gaitero toca mientras el portero –de impoluta librea– atiende a los recién llegados. Curiosamente mientras estamos allí (y pasamos dos veces no seguidas en ese día) todos los clientes que llegan son hindúes.

NOVENO DÍA, EDIMBURGO–COSTA FIFE–ST ANDREWS–BLAIR CASTLE

De nuevo en marcha nos dirigimos hacia la costa de la península de Fife para llegar a St Andrews siempre por la carretera de la costa y visitando algunos pueblecitos interesantes. La primera parada es Lower Largo, pequeño pueblecito de pescadores donde nació el auténtico Robinson Crusoe: se llamaba Alexander Selkirk y era teniente de la marina. Fue abandonado por insumisión en la isla de Juan Fernández, donde permaneció durante cuatro años y cuatro meses. El escritor Daniel Defoe se inspiró en su historia para escribir la famosa novela. El pueblecito, de calles muy estrechas, está al borde mismo del mar y es realmente encantador. De Pittenween visitamos el puerto de pesca, muy activo y con bonitas casas del siglo XVI restauradas. La tercera parada la hacemos en Crail para ver el que parece ser el puerto más fotografiado de Escocia. Y llegamos a Saint Andrews, paraíso soñado por todos los jugadores de golf (es aquí donde nació este deporte). Pero ¡oh decepción! No hay nada como idealizar un lugar para llevarse un gran chasco. Empeora el hecho de que una de las calles principales está en obras, de todas formas paseamos y por suerte encontramos un restaurante italiano que resulta buenísimo y para nada caro. En cuanto a los campos de golf, por supuesto están en los alrededores del pueblo, hay campos para todos los públicos y a unos precios baratísimos. También aquí se encuentra la playa de los West Sands que es donde se rodaron algunas de las escenas de la película «Carros de fuego».

El castillo de Edimburgo es una antigua fortaleza erigida sobre una roca de origen volcánico ubicada en el centro de la ciudad.

Decidimos no quedarnos a dormir en St Andrews y seguimos viaje rumbo a Inverness. Los paisajes son cada vez más verdes, se alternan zonas boscosas con zonas donde los pastos y las ovejas son los únicos protagonistas. Llegamos a Blair Castle y decidimos pernoctar aquí para visitar el castillo por la mañana pero «huimos» del camping del castillo porque es enorme, está abarrotado y parece una «ciudad de vacaciones». En cambio encontramos un camping más pequeñito, al lado del río.

DÉCIMO DÍA, BLAIR CASTLE–INVERNESS–LLOCH NESS–FORT AUGUSTUS

Esta mañana nos hemos despertado con sólo 12º C pero con un sol radiante por lo que hemos pensado llegar pronto a Inverness (estamos sólo a 140km) y dar la vuelta al lago Ness: hemos estudiado el plano de Inverness y alrededores y hemos visto que hay unas carreteras secundarias, que recorren el lago Ness por la orilla este, la opuesta a la autovía que recorren los turistas y nos apetece muchísimo esta excursión. Por esto renunciamos a visitar el Blair Castle ya que no abre hasta las 10 de la mañana.

Llegamos a Inverness y nos dirigimos directamente al Camping Bunchrew Caravan & Camping Park, al lado del mar aunque a 5km de la ciudad. Es un camping curioso pues puedes ponerte donde quieras (luego encontraremos otros así), sobre todo si no necesitas luz… ¡como si te quieres poner en la playa!, la verdad es que este «desorden» personalmente no me gusta.

La excursión resulta tan bonita como esperábamos: tomamos la B 862 pero al salir de Dores cogemos la desviación hacia Torness en vez de bordear el lago. Es una carretera de un solo carril con apartaderos para dejar pasar cuando se encuentran dos vehículos. Contemplamos magníficas vistas sobre el lago, atravesamos una garganta recubierta de tupida vegetación y finalmente llegamos a Fort Augustus. Almorzamos en Fort Augustus, visitamos las esclusas y, tras la foto de rigor ante el cartel de «Loch Ness», nos volvemos a Inverness por donde hemos venido pero por la ruta que va pegada al lago, preciosa, incluso más que la anterior.

Como el día es tan largo aún nos da tiempo de pasear por la ciudad porque, además, como ya habíamos leído, esta ciudad se visita en un santiamén: el puente y las casas de la embocadura del lago Ness, High Street, Church Street y el centro comercial East Gate muy original por los colores de la decoración de las tiendas y por los autómatas. Pero lo que más me ha llamado la atención han sido los enormes rosales de espléndidas rosas que crecen en todos los jardines: ¡estamos en julio! Claro que para pasear por la noche tengo que ponerme la chaqueta polar.

DÍA 11: INVERNESS–TONGUE–DURNESS
Llegada a la ansiada Escocia.

Hoy todo el recorrido resulta espectacular. Queremos llegar a la punta más al norte de Escocia —y de toda a isla— aunque por lo que hemos leído no es una zona muy frecuentada por el turismo (y quizás esta es una razón más que nos motiva a ir). Para ello tomamos la carretera general A 863 y para nuestra sorpresa resulta tener un solo carril con los ya conocidos apartaderos (passing place), ¡setenta kilómetros así! ¡Una carretera nacional! Menos mal que hay poca circulación.

El paisaje ya es sólo de rocas, colinas verdes y ovejas. Es un paisaje «duro»: se intuye que el viento, la lluvia y el frío han moldeado estas tierras. Abundan los lagos de aguas oscuras y ferroginosas y sólo de vez en cuando se encuentra una casita, normalmente pequeña y blanca aunque algunas son muy negras y se ven aún más pobres.

Llegamos a Tongue (pueblo de pocas casas y dispersas) ya en la costa del Norte y recorremos una antigua carretera que bordea el Kyle of Tongue, unos 20 km de bonito paisaje. Siguiendo hacia Durness llegamos al Loch Eriboll, paisaje espectacular: el mar, las arenas bancas, los acantilados, las rocas surgiendo del mar, las verdes colinas, las ovejas… y entonces sentimos un golpe tremendo, toda la autocaravana tiembla, el parabrisas empieza a cuartearse… Un águila ha chocado con nosotros, bajaba en picado (seguramente iba a cazar un conejo) y ni nos ha visto. El animal ha chocado de lleno contra el eje del limpiaparabrisas central: el cristal, por fuera, está destrozado y hay plumas y restos del águila enganchados en el eje.

Muy preocupados por lo que va a pasar (no hay un taller ni de coches en muchos kilómetros, cientos para encontrar un distribuidor de Hymer) telefoneamos a nuestro distribuidor en España (Autosuministros Motor, de Vic) quien nos asegura que el parabrisas que llevamos es laminado y que posiblemente sólo se haya quebrado la lámina exterior. ¡Cómo nos alegramos de la estupenda calidad de los materiales Hymer! Porque, en efecto, recorreremos casi 4.000 kilómetros más, a veces con lluvias intensas, con vientos furiosos, con frío y después con calor… y llegaremos a Vic sin más percance que algunas rayas más en el cristal.

Pero ahora estamos llegando a Durness, meta del día. Hay un camping (de nuevo instálate donde quieras) justo sobre los acantilados: delante nuestro el mar hasta llegar al Ártico. Hace fresco y bastante viento, pero no llueve. El pueblo es, como el anterior, un conjunto de casas dispersas.

Habíamos llegado a «la cumbre» de la isla de Gran Bretaña, pero el viaje continuará (ver la segunda parte)

 

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