Catarismo y Edad Media en Francia

Catarismo y Edad Media en Francia

Bella, acogedora y versátil, la región de Ariège-Pirineos es el recuerdo vivo de la historia apasionada de la Humanidad. Ya sea a lo largo de la estación que acabamos de comenzar, o en las que están por llegar, cualquier temporada es ideal para dejarse seducir por las numerosas posibilidades culturales, culinarias, deportivas y lúdicas que este territorio pirenaico ofrece a los viajeros. Proponemos una atractiva ruta para viajar y soñar, descubriendo esta zona francesa a través de su pasado y su gastronomía, con paisajes inolvidables como telón de fondo.

El castillo de Foix, muy bien conservado, alberga exposiciones en su interior para dar a conocer cómo era la vida en tiempos del medievo.

Laura Rojas

Castillo de Montségur
Coronar el castillo de Montségur, último refugio de los cátaros, brinda al viajero la posibilidad de disfrutar de un paisaje inolvidable.

En el siglo XII el catarismo –considerado por la Iglesia católica, una herejía maniqueísta– se expandió por los señoríos del sur de Francia pregonando la pobreza y la vida ascética como el camino hacia el bien, frente al mundo material que, según esta religión dualista, encarnaba el mal. Pese al apoyo recibido por varios condes franceses e incluso por la Corona de Aragón, los cátaros o «bonshommes» (buenos hombres) fueron perseguidos por la Inquisición hasta desaparecer en 1244 tras la tragedia de Montségur, sede de la iglesia cátara donde se refugiaron los últimos «perfectos».

Pondremos rumbo a la tierra de aquellos «buenos hombres», la bella región de Ariège-Pirineos, a la cual se puede acceder por tres vías desde España: por Barcelona, desde Berga en dirección Andorra por el túnel de Cadí y luego Foix por el túnel de Puymorens; por San Sebastián, tomando la A64 dirección Tolouse, salida Foix, vía Saint Girons; o bien por Zaragoza, a través del túnel de Bielsa, luego la A64 dirección Tolouse y salida Foix, vía Saint Girons.

El medievo en pie: Castillo de Foix
Calles de Mirepoix
Caminar por las calles de Mirepoix, entre casas de colores con entramado, nos hará protagonistas de un bello viaje al pasado.

Será la ciudad de Foix el punto de partida de esta ruta cátara y medieval. Allí, entre la llanura y las montañas de Ariège, donde confluyen los ríos Arget y Ariège, se yergue sobre un peñasco el castillo de Foix, símbolo de la arquitectura militar de la Edad Media, que domina la ciudad y ofrece una magnífica vista hacia los Pirineos. Esta fortaleza inconquistable, construida alrededor del año 1000, fue la morada de los condes de Foix, entre quienes destacan Gaston Fébus, poeta y escritor, y Enrique III de Navarra, quien se convirtió en rey de Francia bajo el nombre de Enrique IV.

Aparcaremos la caravana/autocaravana en la ciudad, por la que podemos dar un tranquilo paseo entre fachadas de colores vivos antes de subir al castillo –por el simple placer de caminar, pero también si se desea degustar la gastronomía de la zona o realizar algunas compras, como los peines artesanales de asta natural–. Una vez se asciende a la emblemática fortaleza, el visitante recorre caminos de guardia, almenas, azoteas, palenques, torres… todo ello conservado en perfecto estado, ya que el castillo nunca permaneció abandonado por mucho tiempo, ni siquiera después de la Edad Media. A partir del siglo XIV, se transformó en cuartel militar, y en el siglo XVIII en prisión (aún pueden contemplarse, en los muros de la torre redonda, los escritos que sobre ellos grabaron los prisioneros). Además, la fortaleza alberga varias salas de exposiciones temporales sobre armas y armaduras, la construcción y la vida cotidiana en la Edad Media, así como la famosa cama de Enrique IV.

Mirepoix, bella y medieval
Iglesia de Santa María
La iglesia rupestre de Santa María, en Vals, está costruida sobre la roca, donde se han hallado restos arqueológicos del 2000 a.C.

A mitad de camino entre Foix y Carcasona, tomando sucesivamente las carreteras D117, D919, N-20, D12 y D119 llegaremos en apenas 45 minutos a Mirepoix, que seduce a quien la visita con la autenticidad de su arquitectura medieval y con su ambiente cordial. En el trayecto entre Foix y Mirepoix recomendamos hacer una parada en Vals (desviándonos de la carretera D119 y tomando la D40) donde se puede visitar la iglesia rupestre de Santa María, construída sobre una roca en la que se han encontrado restos arquológicos del año 2000 a.C. y en cuyo interior alberga frescos del siglo XII.

La bonita villa francesa de Mirepoix fue construida en el siglo XI y conquistada en 1209 por Simón de Montfort, durante la cruzada contra los cátaros. Arrasada por una inundación en junio de 1289, fue reconstruida después y fortificado el corazón de la ciudad a final del siglo XIV.

Su arquitectura es característica de las bastidas, edificada con un plano regular, con una gran plaza central de soportales y calles adoquinadas que se cruzan en ángulo recto. Los tenderetes protegidos en el siglo XV por arcadas de madera de roble forman la galería más larga de Francia. Sus pintorescas casas con entramados (como «la casa de los Cónsules») y su plaza con soportales de dimensiones excepcionales traducen muy bien los colores, el ambiente, el genio y el humor de la Edad Media, haciendo creer a quien camina por sus calles, que está viviendo un verdadero viaje al pasado. Visita obligada merece la catedral de San Mauricio: de estilo gótico meridional posee la más vasta nave de Francia (siglos XIV-XVII).

Los sabores más exquisitos del Ariège, desde la trucha con almendras al «foie gras», pasando por su amplia y cuidada variedad de quesos, maridado todo ello con los mejores caldos de la región, harán las delicias de los viajeros que se adentren en la gastronomía pirenaica que se ofrece en los más selectos restaurantes de la ciudad.

CAMON, DE PIEDRA Y ROSAS

A tan solo 13 km de Mirepoix por la carretera D7, que bordea al río Hers y pasa por las ruinas del castillo cátaro de Lagarde, llegamos a Camon, uno de los pueblos más encantadores de la región. Esta diminuta villa de ensueño, situada entre dos colinas de la comarca de Olmes, se caracteriza por su antigua abadía, aún rica en tesoros que el visitante podrá descubrir, así como los vestigios del antiguo claustro, el oratorio decorado con frescos del siglo XIV, etc.

Saint-Lizier
Saint-Lizier, denominado «el pueblo más bello de Francia», es un reconocido lugar de interés artístico, cultural y gastronómico.

Otra de las señas de identidad de Camon es su amor por las rosas, que le ha merecido el sobrenombre de «pueblo de los cien rosales». Esta pasión se remonta a la época en la que los cerros que rodean el pueblo estaban cubiertos de viñas: al final de cada hilera, un rosal indicaba la buena salud de la plantación, ya que la rosa reacciona ante las enfermedades de la viña antes de que ésta se vea afectada. El cultivo de la viña desapareció, pero no la predilección por esta flor, cuya fiesta se celebra a mediados de mayo.

Camon se distingue, además, por su conjunto excepcional de más de 100 casetas de piedra seca, diseminadas por sus colinas. Estas casetas de viñedo, que hacían las veces de almacén para las herramientas de labranza o servían para cobijo temporal, pueden recorrerse mediante los paseos que organiza la oficina de turismo, en los que descubrir este patrimonio que narra 1.000 años de historia.

Montségur, la llama del catarismo

De nuevo al volante, dejaremos atrás Mirepoix tomando la carretera D625, después, la D117 y luego, la D9. Recorridos apenas 32 km habremos llegado a nuestra siguiente cita con el pasado: el castillo de Montségur. Situado a 1.207 m de altitud, este símbolo de la resistencia cátara y la lucha por la libertad domina el pueblo y los valles circundantes. En 1244 el combate de los «bonshommes» frente a las tropas del rey de Francia llegó a su fin con la caída de esta última resistencia: más de 250 cátaros, que no quisieron renegar de su fe, murieron en el «Prats del Crémats» (prado de los quemados) en la inmensa hoguera erguida al pie del «pog» (la roca) cuando Guy II de Lévis dio su rendición, junto con la fortaleza, a la corona francesa.

Podemos aparcar el vehículo en el parking gratuito que se encuentra a los pies del la roca de Montségur y comenzar el ascenso hasta ella mediante una tranquila caminata a través de la naturaleza auténtica y salvaje. Con la sensación de estar a un palmo del cielo y con el sublime verdor de las montañas y valles que han quedado a nuestros pies, las vistas que se descubren al coronar el «pog» invitan a soñar, permaneciendo en la memoria para siempre. El museo histórico y arqueológico, situado en el pueblo de Montségur, permite completar la visita del castillo y comprender mejor la historia cátara.

En Saint-Lizier visitaremos, entre otros lugares, la iglesia catedral del siglo XI y su claustro, la farmacia del siglo XVIII.
SAINT-LIZIER, el encanto hecho ciudad

Retomamos nuestra ruta por el Ariège para dirigirnos hacia el oeste tomando las carreteras D9, D509, D117 y D3 que nos conducirán hacia el pueblo medieval de Saint Lizier, reconocido como el «más bello de Francia». Parada hacia los caminos de Santiago de Compostela, son numerosos los lugares que podemos visitar en tan hermosa villa. Destaca la iglesia «catedral», construida en el siglo XI, donde apreciar los frescos del ábside; el claustro y sus pinturas romanas, así como los capiteles esculpidos de la galería norte del mismo que recuerdan a la iglesia de la Daurade de Toulouse, y la sala del «tesoro», a la que se puede acceder sólo con la visita guiada para ver, entre otros objetos de valor religioso y artístico, el busto relicario de Saint Lizier, en plata; el palacio de los obispos, edificado en el siglo XVII, desde donde las vistas panorámicas de la ciudad, con los Pirineos al fondo, son especialmente bellas; el antiguo hospital principal del siglo XVIII y su farmacia de 1764, conservada en su estado original, cuya visita permite admirar el conjunto de tarros de loza y de vidrio, donde se conservaban las hierbas medicinales, así como diversos instrumentos de cirugía militar.

En un relajado paseo por la villa nos encontraremos con las moradas de los canónigos, la muralla galo-romana, así como las hermosas callejuelas floridas. Desde lo alto de la ciudad, en el corazón del palacio de los obispos («le palais des evêques»), el museo departamental de Ariège brinda la posibilidad de viajar desde la Antigüedad hasta nuestros días. Colindante con la iglesia Nuestra Señora de la Sède, gracias a una reciente campaña de restauración, presenta pinturas murales excepcionales de finales del siglo XV.

El «foie gras» es uno de los deliciosos productos que se pueden adquirir en el mercado que se organiza cada domingo en Engomer.
ENGOMER, SABORES ARTESANOS

Antes de emprender el regreso a España, proponemos una última parada en el pueblo de Engomer, a sólo 20 minutos por las carreteras D3, D117 y D618, con la que rematar poniendo un broche gastronómico a nuestra ruta cátara. Pequeño pero completo, el mercadillo del pueblo se celebra cada domingo y en él se pueden adquirir productos típicos de la región a precios muy asequibles: jugo de manzana, confituras de frutas artesanales, una amplia variedad de quesos, miel, sirope de menta o «foie gras» son sólo algunas de las exquisitas viandas que dejarán en el viajero un delicioso sabor de boca al final de nuestro viaje.

Ariège en forma
La zona ofrece múltiples posibilidades para la prácticas de distintos deportes.

Son muchas las posibilidades que Ariège-Pirineos ofrece a los amantes del deporte. En la zona existen varias pistas de esquí pero, además, en este entorno incomparable se puede practicar una amplia variedad de deportes de aventura –barranquismo, senderismo, BBT, parapente, descenso de cañones, escalada o piragüismo– o relajarse en las estaciones termales. Una bella ruta de senderismo es la que transcurre por las gargantas de la «Frau», dentro del camino de los «bonshommes» (de Montségur a Berga, dirección sur); además de otras opciones que se encontrarán siguiendo el camino de los cátaros (de Foix a Port la Nouvelle, hacia el este).

Gastronomía

Golosos y gastrónomos encontrarán en las rutas por Ariège-Pirineos productos de gran calidad y sabores exquisitos, que unen la tradición de antaño con la innovación deww nuestros días. Desde quesos, embutidos, carnes y setas, a pasteles, frutas y vinos (como los D.O. de Cahors y Gaillac, ya famosos en la época romana) alegran la mesa y el paladar. Entre sus platos más afamados destaca el «cassoulet» (guiso contundente de alubias con confit de oca, codillo de cerdo, salchicha, hierbas, ajo y nuez moscada), la trucha gratinada con almendras, el cerdo en hojaldre con salsa de avellanas, los caracoles, el «foie gras» de granja y los confits y magrets de pato. En cuanto a los quesos, destacan los del valle de Couserans, en sus dos variedades: Moulis y Bethemale, ambos duros y deliciosos.

Campings en la zona

La cultura del camping-caravaning está profundamente arraigada en Francia, por lo que al caravanista o autocaravanista no le será complicado encontrar alojamiento en el territorio por el que transcurre esta ruta, debido a la extensa red de campings que en ella existe. Por su originalidad y encanto, destacamos el camping BelRepayre: pequeño e inusual, ambientado en los años 50-70, se encuentra próximo a la ciudad de Mirepoix. Cálido y acogedor, su inspiración retro se traduce en la decoración de las nueve caravanas Airstream completamente remodeladas que pueden ser alquiladas para pasar unas agradables vacaciones. Todas cuentan con su propia cocina, sombrilla, zona de barbacoa, mesa y sillas para el exterior, así como dos tumbonas. También se permite, si se posee una de estas caravanas de culto, alojarse con ella dentro del camping. Pero esto no es todo: cuentan con The Apollo Lounge, una Airstream convertida en un bar «vintage» muy «chic».

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