Navidades blancas en la Selva negra

Navidades blancas en la Selva negra

Bosques de frondosos abetos, casitas de cuento y relojes de cuco hacen de la Selva Negra una de las regiones más famosas de Alemania. Preciosa en cualquier época del año, durante el Adviento, en diciembre, el encanto es aún más especial si cabe. El Rin la separa de Alsacia, la región más nororiental de Francia, famosísima por lo mucho y bien que celebran allí las navidades. Éste es, pues, un viaje «al corazón» de la Navidad.

Francisco M.ª Colet Solano

En Alsacia se vive «Le Noël» como en ninguna otra parte de Europa y, muy posiblemente, del mundo. Ventanas adornadas de mil maneras, luces, mercadillos, animaciones y aroma a canela impregnan el ambiente con un color y una alegría desbordantes. Desde Estrasburgo al pueblo más diminuto, la Navidad se respira por todos los poros. En Alemania también, aunque los pueblos no se adornen tanto, pero sus mercados navideños resultan realmente espectaculares. Además la proximidad entre ambos países permite alternarlos con tanta facilidad que será un problema elegir qué ver.

El viaje a Alsacia-Selva Negra durante la semana del «puente» de la Constitución es ya un clásico entre el grupo de amigos caravanistas. Nadie se lo quiere perder. En 2010 salimos de Valladolid tres caravanas rumbo a tierras teutonas. Una vez allí, cinco amigos más se sumarían al grupo… si los aviones no disponían lo contrario, claro. ¡Y a punto estuvo!

Nieve en el camping Kirchzarten, a 10 km de Friburgo, capital de la Selva Negra.
Y Europa se cubrió de blanco…

Una ola de frío polar cubrió Europa de nieve a finales de noviembre de 2010. Jamás habíamos visto nada igual en esas fechas, así que nadie se asuste, que eso no es lo normal. Las temperaturas medias en la zona suelen rondar entre los 0º y los -10º C, nada del otro mundo en diciembre. Vamos, que el temor al mal tiempo no ha de ser un freno para disfrutar de un viaje realmente mágico. No conocemos a nadie que haya ido a Alsacia-Selva Negra en Navidad y no piense en volver.

Estampa nocturna del mercado navideño en Friburgo.

Aunque el temporal había pasado prácticamente, la víspera de la partida nevó copiosamente en Valladolid, lo que también es raro y nos hizo temer lo peor; pero no nos arredramos y salimos hacia nuestro ansiado destino. Y aunque no tuvimos ningún problema para circular con la caravana, el paisaje blanco nos acompañó todo el trayecto. Una buena idea es llevar en el coche un limpiacristales que no se congele fácilmente (los hay que llegan a -13º C y más).

El camping Kirchzarten

Elegimos como «centro de operaciones» el camping Kirchzarten, situado en el pueblo homónimo, a 10 km de Freiburg im Breisgau (Friburgo), la capital de la Selva Negra. La elección del camping es crucial para el buen desarrollo del viaje —aún más en invierno—, y el Kirchzarten reunía todo lo que pedíamos: buenas instalaciones y buena ubicación, tanto para desplazarnos por la zona como de facilidad de acceso, lo que resultó vital por la nieve caída, pues la accesibilidad nunca estuvo en peligro y también porque disponen de un apartamento y una habitación doble en alquiler, con precios muy interesantes, en las cuales se alojaron, encantados, nuestros amigos «voladores». El apartamento, fantástico, nos sirvió además como «club social» para las veladas nocturnas. Mejor imposible. (Más información en www.camping-kirchzarten.de)

Peculiar rincón con adornos navideños en Turckeim (Alsacia).

Desde luego el Kirchzarten será una elección excelente en cualquier viaje a la Selva Negra, pero en fechas invernales, cuando muy pocos camping están abiertos, es sin duda «la elección». Si, por el contrario, os planteáis acampar en Alsacia, el mejor es el camping Vallon de l’Ehn, de Obernai, a 30 km de Estrasburgo. Instalaciones modélicas, bien situado y barato. ¡Qué más se puede pedir! Otra alternativa interesante es el camping de l’ill, en Horbourg-wihr, junto a Colmar.

El grupo posando ante el famoso palomar de Eguisheim (Alsacia).
La mejor ruta para llegar a Alsacia y la Selva Negra

Pudieron más las ganas que la nevada caída y el viernes 3 de diciembre salimos de Valladolid con nuestro amigo Gonzalo y su hija Inés. En Kirchzarten nos encontraríamos primero con Manolo y Pilar, que habían salido dos días antes para visitar el maravilloso castillo de Neuschwanstein —el de los «puzzles»—, situado en los Alpes bávaros. Por último, el domingo recogeríamos del aeropuerto de Mulhouse-Basilea a mis primos Paco y Gema, procedentes de Barcelona, y a Gloria, Maribel y Ana, que llegaban desde Valladolid, vía Madrid.

Si bien durante los primeros kilómetros la carretera tenía aún algo de nieve, pronto se despejó y el viaje resultó sorprendentemente tranquilo. Para llegar a la frontera de Irún optamos por la autopista de peaje AP-1 entre Vitoria y Eibar. En otras circunstancias hubiéramos ido por la N-I, por el puerto de Etxegárate, que permite ahorrar ese peaje.

Artículos navideños en Riquewihr, un pueblo de postal y visita obligada en Alsacia.

La ruta más recomendable para llegar a Alsacia y Alemania gastando lo justo (en Francia los vehículos de más de 2 m de alto pagan un 50 % más de peaje) es: Burdeos, Angoulême, Limoges, Guéret, Montluçon, Paray le Monial, Chalon sur Saône y Besançon, hasta llegar a Mulhouse, ya en tierras alsacianas. Esta ruta alterna autopistas de peaje, autovías gratuitas y algunos tramos de carretera bastante buenos. En el apartado «Moverse por Europa» de www.francisco-colet-viajesycaravaning.com encontraréis todos los detalles de ésta y otras rutas para cruzar Francia.

Y llegamos a la «blanca» Selva Negra…

El sábado por la tarde llegamos a Kirchzarten, acampamos con una buena capa de nieve y, ya con Pili y Manolo, nos acercamos a Friburgo, al enorme mercado navideño de la plaza del Ayuntamiento, para empezar a hacer los honores a los «bratwurst» (salchichas asadas) y al «glühwein» (vino caliente con canela, naranja y otras especies: buenísimo). Los franceses lo llaman «vin chaud» (vino caliente). En Friburgo y en muchas ciudades y pueblos alemanes sirven el «glühwein» en jarritas decoradas para la ocasión. Os cobrarán una fianza por la jarrita y, salvo que queráis conservarla como recuerdo, os la devolverán después. No hay que perderse la catedral gótica, con su gran campanario, y la Kaufhaus, la casa de contrataciones medieval, de color rojo. Por las mañanas, hasta las 13 h., se monta un gran mercado de frutas y alimentación en la plaza de la catedral.

Alsacia y la huelga de controladores aéreos

Lo que no había podido la nieve, casi lo logró la huelga de controladores que paralizó el tráfico aéreo español durante el «puente» de la Constitución. Por la noche nos avisaron de que se había cancelado el vuelo de Madrid (hasta el martes no pudieron llegar las chicas). Por suerte el avión de Gema y Paco fue el primero en librarse del desaguisado tras la militarización de los controladores y llegaron a la hora prevista. Tras recogerlos en el aeropuerto de Basel-Mulhouse nos dirigimos a Turckheim, uno de esos pueblecitos alsacianos «de segundo rango» que aún no habíamos visitado nunca. Tiene rincones bonitos, pero desde luego los hay mucho mejores. Después nos fuimos a comer «tarte flambée» a Eguisheim, que ese sí que es un pueblo precioso, con sus calles elípticas y concéntricas bien decoradas; su iglesia; su famoso palomar —foto obligada— y su pequeño mercadillo navideño. La «tarte flambée» es una pequeña delicia alsaciana similar a la «pizza carbonara», pero con una masa mucho más fina.

El reloj de cuco más grande del mundo, en Triberg (Selva Negra).

Tras dedicar el domingo a Alsacia —en muchos pueblos pequeños alsacianos sólo funcionan los mercadillos en fin de semana— terminamos el día en Munster, otro pueblo «desconocido», famoso por su sopa de queso. Una buena idea para pasar un sábado o domingo en Alsacia es el mercado navideño medieval de Ribeauvillé, cerca de Colmar. Tiene un ambiente excepcional y el pueblo es precioso. En la web www.marche-de-noel-alsace.com encontraréis las fechas y horarios de los «marchés de Noel» alsacianos.

Fiasco con cadenas en el «país del reloj de cuco»

Como el tiempo parecía acompañar, el lunes nos propusimos llegar a Triberg, en pleno corazón de la Selva Negra, para ver el reloj de cuco más grande del mundo en el Eble Uhrenpark, a las afueras del pueblo. El segundo más grande se encuentra en Schonach, a 3 km de Triberg. La cascada más alta de Alemania —que se ilumina al anochecer, lo que ocurre sobre las cinco de la tarde— también está allí.

Estampa navideña en Gengenbach (Manolo y sus «amigos»).

Desde Kirchzarten la carretera a Triberg es más escarpada que la que discurre por el valle procedente del norte. Todo parecía ir bien hasta que, a pocos kilómetros del camping, la nieve de la carretera hacía el avance más y más dificultoso. Ante la imposibilidad de parar para evitar quedar atrapados, perdimos de vista a Manolo y seguimos adelante con el corazón en un puño hasta que encontramos un lugar donde montar los «autosock» y regresar al camping. El estreno de los «calcetines antinieve» funcionó perfectamente y pudimos llegar a la «segura» carretera principal. Tras el susto, en el camping nos reunimos con Manolo y los demás, que también habían salido airosos del trance. ¡Prueba superada!

Panorámica de Gengenbach (Selva Negra).
El “Plan B”

Abortado a nuestro pesar «el plan del día», dejamos la zona montañosa de la Selva Negra para mejor ocasión y pusimos en marcha un «plan B», reubicando los planes originales, para visitar Breisach am Rhein, pueblo fronterizo sobre el Rin. La catedral domina el río y nos fotografiamos junto al toro que emerge del suelo en honor a la Europa Unida. Como el mercadillo es pequeño e insulso y hacía bastante frío por la humedad del río, comimos estupendamente en una pequeña y coqueta cervecería local.

Aunque tampoco estaba previsto, pasamos la tarde en Riquewihr para que Paco y Gema lo conocieran. Riquewihr, pueblo de postal, es visita obligada en todo viaje a Alsacia. Acabamos la jornada en Friburgo, en la cervecería Martin’s Bräu, una institución en la ciudad. Situada junto a la Martin’s Tor, la puerta medieval, la cerveza es rica y a buen precio. Reservamos mesa para la cena de despedida del jueves. Si queréis probar el codillo asado (y vale la pena) conviene encargarlo, pues dos años antes nos quedamos con las ganas.

El nacimiento del Danubio

El plan del martes tampoco se libró de alteraciones. La necesidad de recoger a las chicas del aeropuerto obligó a trastocar el itinerario previsto. Lamentablemente Rottweil y Villingen-Schweningen se quedaron en el tintero y sólo Donaueschingen, la localidad natal del Danubio, se salvó de la quema… El Danubio nace oficialmente en una fuente barroca en los jardines del palacio, la Donauquelle. Sorprende un poco el entorno para el «nacimiento» de un río, pero hay que reconocer que tiene su encanto. Por supuesto no faltó la foto de grupo.

Desandamos lo andado (estábamos en puntos opuestos) y, mientras nos dirigíamos al aeropuerto a recoger a las «aviadoras», el resto se fue a Lörrach, ciudad alemana sin interés pero que nos vino muy bien para comer en su mercadillo. En general las comidas y las cenas solemos hacerlas en los mercadillos, pues es barato y la variedad, grande. Gastronómicamente los alemanes le ganan la partida a los franceses. Como alternativa a los mercadillos, las cervecerías alemanas son una pasada y con unos precios realmente buenos.

Lörrach tiene frontera con Suiza, por lo que uno puede plantearse una escapada al país helvético, siendo Basilea la elección más lógica por tamaño y proximidad. Eso sí, hay que cambiar euros por francos suizos. En 2007 dedicamos varios días a conocer la Navidad suiza. (El relato ilustrado de ese viaje también lo encontraréis en mi página web.)

En Alemania los mercados navideños suelen cerrar a las 20,30 ó las 21 h. En Alsacia los horarios son más tempraneros, pues lo normal es cerrar a las 19 h., salvo en Estrasburgo y Mulhouse, que lo hacen a las 20 h. (los findes, algo más tarde, por lo que es mejor consultar los horarios de cada lugar). En www.weihnachtsmarkt-deutschland.de encontraréis información y horarios de los mercadillos navideños de casi toda Alemania.

Acabamos el día cenando en el mercado de Friburgo, pero antes, en Saint Louis, hicimos la visita de rigor al supermercado para hacer acopio de las «delicatessen» alsacianas: «bière de Noel» (cerveza de navidad, buenísima y más dulzona); los famosos vinos alsacianos; los «bredeles» (pastitas típicas navideñas) y muchas cosas más.

Un rincón de Konstanz.
Konstanz, Meersburg y el lago Constanza

El miércoles nos fuimos al lago Constanza (el Bodensee, en alemán) a 120 km al este del camping. Konstanz es una ciudad preciosa, llena de rincones pintorescos y fachadas decoradas. El mercado navideño es grande, junto al puerto, y hay que contar con la mañana entera y algo más para hacer la visita a la ciudad y al mercado. En el puerto incluso hay un mercadillo en el interior de un barco.

A las 15,20 h. tomamos el ferry que cruza el Constanza de norte a sur, uniendo Konstanz con Meersburg, encantadora localidad medieval ribereña. Subir el coche al transbordador nos costó 10 €, incluido conductor. Los pasajeros adultos pagan 2,5 € y los niños, la mitad. Los perros también pagan. La travesía dura unos 20 minutos. Tuvimos mucha suerte porque la niebla matinal desapareció y la puesta de sol en pleno lago fue todo un espectáculo.

Meersburg es un pueblo de postal, dominado por sus castillos renacentistas. Allí encontramos una tienda de regalos y juguetes antiguos que es una maravilla. Visitad la exposición de trenes y otros en la planta superior. Hicimos compra en el supermercado del pueblo para disfrutar de una fantástica «cena de hermandad» en el «apartamento-club social» del camping. En algún momento incluso nos planteamos la posibilidad de llegar a la austriaca ciudad de Bregenz, pero la falta de tiempo nos hizo desistir.

Vista nocturna de Meersburg desde el ferry que cruza el lago Constanza.
Triberg y el «País del Reloj de Cuco»

El último día en la Selva Negra estaba reservado al «asunto pendiente»; es decir, Triberg y el «País del Reloj de Cuco». Estábamos dispuestos a ir sí o sí; en coche o en tren, aprovechando la tarjeta KONUS si con los coches no era posible. Tras la nevada de la noche, el jueves amaneció cubierto, pero sereno y nos decidimos por los coches, eso sí, entrando por el norte, vía Lahr y el Kinzigtal, pues la carretera es ancha y discurre a pie de valle. La verdad es que la Selva Negra nevada es un espectáculo increíble, con sus típicas granjas de grandes e inclinados tejados.

Las chicas del grupo junto a la maquinaria del reloj de cuco más grande del mundo, en Triberg.

Y por fin llegamos al reloj de cuco más grande del mundo. Éste se encuentra a pie de carretera, antes de entrar en Triberg. A las horas en punto «canta el cuco». Forma parte del edificio donde la marca Ebler tiene su enorme tienda de relojes de cuco. Bajo una ligera nevada dimos una vuelta por Triberg —la localidad no tiene demasiado interés—, pero la nieve arreciaba y no pudimos visitar ni la cascada iluminada ni mucho menos el otro reloj de cuco de Schonach, pues corríamos el peligro de quedarnos bloqueados si dejábamos que siguiera cayendo nieve. Hay que tener en cuenta que estábamos a bastante altura, pues en el valle no nevaba en absoluto.

Gengenbach, con un pintoresco ayuntamiento (Rathaus) barroco y una bonita plaza llena de casetas del mercadillo navideño nos vino fenomenal para comer, entre otras cosas, las típicas salchichas con «sauerkraut”» (el “choucroute” francés; es decir, col fermentada).

Cena de despedida del grupo en la cervecería Martin’s Bräu de Friburgo: codillo a destajo.
Cena de despedida en la Martin’s Bräu

Al día siguiente diríamos adiós a la Selva Negra. Los «aviadores» retornarían volando a casa, mientras los caravanistas iniciaríamos el regreso con parada prevista en Bayona. Pero había que despedirse a lo grande y nada mejor para ello que una cena alemana en la Martin’s Bräu de Friburgo. Los platos son generosos y los precios contenidos, ¿Se puede pedir más? Es buena idea pedir jarras de cerveza de litro y medio para compartir. El codillo asado está de miedo y los otros platos también, así que el éxito está asegurado. Eso sí, procurad reservar mesa, salvo que vayáis a horas muy intempestivas para sus costumbres, claro.

El retorno

Si hasta entonces el tiempo había sido bastante clemente con nosotros, la nieve quiso «despedirse» y enganchamos las caravanas bajo una buena nevada que, afortunadamente, cesó al llegar a la autopista. Dejamos a los amigos en el aeropuerto. No obstante, Paco y Gema, que volaban por la tarde, aprovecharon la tarjeta KONUS para pasar el día en Basilea. ¡Los únicos que la disfrutaron! Desde el aeropuerto hay autobuses que llevan a la ciudad suiza, a sólo 3 km de distancia. El viaje de vuelta no ofreció dificultades y pernoctamos en el camping Suïsse Océan, en La Souterraine. El sábado, después de comer, llegamos a la frontera española. Acampamos en el camping Larrouleta, de Urrugne, y por la tarde nos dispusimos a poner el broche al viaje en el Village de Noël, de Bayonne.

El Village de Noël

Bayonne es una ciudad interesante, con algunas casas de entramado de madera y rincones pintorescos. Como algunas ciudades francesas no alsacianas, tiene también su «marché de Noel» y el suyo no está mal, como tampoco lo está el de Burdeos, pero para unos «veteranos» de Alsacia y Alemania, esos «marchés» resultan bastante descafeinados. Les falta «magia», es lo que tiene estar mal acostumbrado… En cualquier caso la visita nos permitió «alargar la fiesta» un poco más, y así pusimos, ahora sí, punto y final a un viaje precioso a la preciosa Selva Negra… más “blanca” de lo imaginado.

 Pueblos de postal y relojes de cuco
¡… Y tocó dejar la Selva Negra!

Éste fue nuestro quinto viaje a la zona en diez años. Se nota que nos gusta mucho. En los anteriores nos centramos más en Alsacia que en Alemania, así que ya le tocaba el protagonismo a la Selva Negra, con sus montañas, sus pueblos de postal y sus relojes de cuco. Para una mayor información podéis «ver y leer» los relatos de esos viajes (y muchos más) en mi nueva web personal www.francisco-colet-viajesycaravaning.com. Además encontraréis todo lo que hay que tener en cuenta para preparar un viaje “a fondo”: las mejores rutas para cruzar Francia gastando lo justo; ahorrar en peajes y combustible, etc.

Viajar gratis

La tarjeta Konus hace la vida más fácil a los turistas de la Selva Negra. Cualquiera que se aloje allí tiene acceso gratuito a la Konus, que permite a los visitantes viajar gratuitamente por la Selva Negra en tren, bus (para el tranvía, preguntad) durante su estancia. También incluye la ciudad de Basilea (Basel) en Suiza. Os la facilitarán en recepción. Hay una parada de autobús junto al camping y la estación de tren está a unos quince minutos andando. Más info en la web del camping Kirchzarten. Allí encontraréis un enlace al folleto explicativo de la Konus. Viene en alemán, pero con el traductor de Google se acabaron los problemas. En recepción hablan inglés. La Konus puede ser una alternativa excelente al coche para ciertos destinos. No obstante, al ser once, optamos por ir en dos coches; pero a punto, a punto estuvimos de utilizarla a causa de la nieve. En suma, una ventaja muy a tener en cuenta.

Más información

En Alemania hay más de 2.500 campings, y algunos abren todo el año (sobre todo los que están situados en zonas donde se pueden practicar deportes de invierno); el resto abre de abril a octubre. La Oficina Alemana de Turismo, en colaboración con la Asociación Alemana de Campings (BVCD), ha elaborado una guía con una selección de más de 1.000 campings, valorando detalles tan importantes como, por ejemplo, la ubicación, las instalaciones sanitarias (que están por encima de la media europea), la oferta de actividades para niños y adultos, la limpieza y la seguridad, etc. También es útil y puede consultarse la Guía de Áreas de Servicio para Autocaravanas (España y Europa) 2010-2011, de Peldaño.

 

 

 

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