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Ruta Francia

Bayona y Biarritz

Esta ruta comienza en Bayona, una bonita localidad francesa de casas blancas y ventanas de colores. La ciudad se distribuye a ambos lados del río Adur, desde sus puentes se tienen unas de las mejores vistas de la ciudad. Su catedral data de 1213 y es uno de los edificios más representativos de la ciudad, en 1998 fue declarada Patrimonio de la Humanidad como monumento del Camino de Santiago francés.

Es una ciudad pequeña y pasable que se puede conocer en un día sin ningún problema, de hecho, en la misma jornada se puede visitar la vecina Biarritz, una pequeña localidad en la que lo más destacable son sus playas.

En Francia al igual que en la mayoría de Europa los horarios de comidas se adelantan, por lo tanto es interesante tener en cuenta que lo normal en el país vecino es cenar entre las 19.30 y las 21.30. En ambas localidades hay una amplia oferta de restaurantes y bares por lo que todo el mundo encontrará algo a su gusto.

Duna de Pilat y Arcachon

Atravesamos las Landas con destino a la Duna de Pilat. Una carretera recta rodeada de bosques madereros de 161 kilómetros. El parking de la duna es de pago y hay una zona reservada para autocaravanas.

Esta duna sin duda tiene algo especial, además de ser la más grande de Europa (2,7 kilometros de largo, 500 m de ancho y hasta 110 m de alto) está rodeada por un bosque casi infinito de pinos. Esta imponente mole de tierra está en constante movimiento por lo que puedes volver que siempre encontrarás algo único y espectacular. En las inmediaciones hay un camping para pernoctar.

Muy cerca, a solo 11 kilómetros se encuentra Arcachón una localidad en la que merece la pena probar las ostras por su precio y su sabor. Tiene un agradable paseo marítimo y puede ser un buen sitio para comer y reposar la comida.

Burdeos

Al caer la tarde subimos a Burdeos, tardamos aproximadamente una hora en llegar. Esta ciudad tiene un cierto aire parisino con casas bajas de no más de 5 pisos, todas bastante parecidas y calles empedradas en el centro de la ciudad. Los domingos el aparcamiento es gratuito pero el resto de días hay parquímetro y el tráfico es abundante durante todo el día.

La calle más larga y comercial es Santa Caterina, merece la pena recorrerla entera desde la puerta de Aquitania, en la plaza de la Victoria, hasta la plaza de la comedia donde se encuentra el Gran Teatro, un bonito edificio obra de Victor Luis, el mismo arquitecto que diseñó Palais Royal, y el Théâtre Français de París. Enfrente del teatro se encuentra un bonito hotel y en las inmediaciones la plaza de Quinconce donde se erige el monumento a los Girondinos , dedicado a la Concordia y la República. Se trata de una gran columna sobre la que se asienta una alegoría de la libertad rompiendo las cadenas de la opresión.

A pesar de no ser una ciudad muy grande, hacen falta por lo menos dos días para recorrerla en profundidad, por lo que al caer la noche decidimos irnos y regresar al día siguiente para continuar paseando.

La siguiente jornada aprovechamos para conocer la catedral de la ciudad, junto a ella el imponente edificio del ayuntamiento y una agradable plaza para tomar un café o comer. Desde allí atravesamos Santa Caterina para llegar a la iglesia de Sant Michel, y ese barrio para llegar al río y hacer un bonito picnic en el parque que está junto a la plaza de Quinconce. Por la tarde recorremos el bario —————– lleno de pequeñas y bonitas tiendas en las que se pueden encontrar cosas de lo más variopinto. También aprovechamos el día de sol para dar un agradable paseo junto al río. En su ribera se encuentran numerosos bares, tiendas y restaurantes situados en los antiguos almacenes del puerto. Es posible hacer excursiones por el río en barco e incluso hay algunos atracados y convertidos en restaurantes.

Toulouse

El viaje a Toulouse es largo, dos horas, aunque las autopistas, al igual que en el resto de Francia están en perfectas condiciones y con muchas áreas de descanso, todas ellas con una zona especial para autocaravanasy sitios para vaciar los baños de la auto.

Esta ciudad es bastante más grande que Burdeos y mucho más animada, aunque menos monumental. En las orillas del Garona los días de sol mucha gente joven aprovecha para hacer picnics o simplemente charlar, leer o descansar. Merece la pena acercarse a esta zona y vivir las costumbres francesas. Los restaurantes al igual que en el resto de Francia cierran pronto y aunque todos tienen menús, más tarde de las 14.00 es imposible probarlos.

Uno de los espacios más bellos de la ciudad es la plaza en la que se encuentra El Capitolio, el teatro de la ciudad. Un edificio de grandes dimensiones de estilo neoclásico de gran belleza.

Merece la pena pasear y empaparse del ambiente de la ciudad, entre los edificios más emblemáticos se encuentran el convento de los Jacobinos, la basílica de San Sernín y la iglesia de Nuestra Señora de Dalbade, en la que se encuentral virgen negra de Touluse.

Los jardines también son espacios para pasear y en los que se pueden observar plantas muy diversas, entre los más representativos están: el jardín de las plantas, el jardín japonés y  el jardín del Grand Rond.

Perigord

Las jornadas seis y siete las dedicamos a conocer la zona del Perigord, formada por cuatro provincias. En ella se pueden ver numerosos pueblos medievales de cuento, con calles empedradas, castillos y paisajes únicos que sorprenderán al visitante. Empezamos por Bergerac, ciudad en la que residió el famoso personaje. En esta ciudad hay varios museos, nosotros entramos al centro de interpretación del vino en el que se explica la historia del vino de la localidad y algunas nociones sobre cata. El viaje lo continuamos hacia Tromlat por carreteras rodeadas de viñedos, campiñas y recogidas casas palaciegas (un paisaje muy diferente al de España). Tromlat es una villa mucho más pequeña del mismo estilo que se recorre en apenas 20 minutos, de camino paramos a comer en Limeuil, un pueblo encantador a orillas del Dordoña?? en el que degustamos algunos de los platos típicos de la región como los patés del Perigord y los quesos.

Después de dar un agradable paseo el viaje continúa hacia Beynac-et-Cazenac, presidida por su imponente castillo situado a 150 metros de altura de estilo medieval. Todas sus calles empedradas están presididas por casas de tejas negras y piedra.

De aquí partimos a La Roque-Gageac, pueblo que creció al borde de un acantilado, junto al río Dordoña. En él hay un bonito parking de autocaravanas junto al río.

En este pueblo merece la pena probar el helado de nueces del Perigord, un sabor que no se encuentra apenas fuera de esta región y es una forma muy atractiva de degustar este producto tan característico de la zona.

A escasos kilómetros esta Dole y entre ambos pueblos hay varios campings en los que se puede pernoctar y tener unas excelentes vistas al río Dordoña y a estos pueblos de carácter medieval.

El último pueblo que visitamos es Sarlat la Canedá, la capital del Perigord Negro. Una ciudad con mucho encanto y llena de historia. Sus callejones empedrados y sus plazas soleadas harán las delicias de los amantes de la fotografía que podrán tomar unas bonitas instantáneas de esta ciudad detenida en el tiempo.

Todos estos pueblos siempre quedarán en la retina del visitante

Blaye y su ciudadela

Después de tantos kilómetros de carretera decidimos volver a Batlle, localidad en la que se encuentra una ciuadela del sigo —– declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta imponente fortificación fue edificada en el siglo XVII para proteger a la ciudad de Burdeos de los ataques piratas. Tiene vistas al estuario de la Gironda, uno de los más grandes de Europa que nace de la confluencia del Garona y el Dordoña. Dentro de la ciudadela se pueden ver las antiguas casas, hoy convertidas en museos, tiendas de souvenirs, restaurantes y salas de exposiciones. También hay restos de la fortaleza medieval: fosos, fortificaciones, almacenes de pólvora… Un espacio muy singular con espectaculares vistas al río, en el cual por cierto se pueden pescar lampreas que luego cocinan de diversas formas.

A escasos tres kilómetros está Plassac una antigua villa Galo Roman, de la que todavía a día de hoy se pueden ver sus mosaicos y restos de las casas. También tiene un museo y es una localidad, que al igual que todas las de esta zona basa su economía en el vino.

Uno de los grande atractivos de la Toda Dordoña y los alrededores de Burdeos, sin duda, son sus vinos. Paisajes con viñedos casi infinitos, que se cultivan de forma tradicional y se trabajan en los numerosos chateaus que se pueden visitar por toda la región. Se pueden hacer catas gratuitas o visitas guiadas en las que muestran al visitante los paisajes y se explican las formas de cultivo así como todo lo relacionado con la elaboración del vino.

Cap Ferret

El último día de nuestro viaje, aprovechando el buen tiempo, decidimos subir un poco más hacia el norte para conocer el Cap Ferret, donde se suceden más de 25 kilómetros de playas de arena fina y dorada rodeados de dunas y vegetación. Un entorno idílico para pasar unas vacaciones rodeados de pequeñas poblaciones de casas bajas con numerosos servicios turísticos. Al faro se puede subir y junto a él hay un antiguo búnker alemán restaurado al que se puede acceder para

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