Situado en el extremo más occidental del Principado de Asturias, en el límite con la provincia de Lugo, el complejo está dentro de una explotación agrícola y permite elegir entre disfrutar de la estancia en unas acogedoras cabañas de madera, o bien en el camping rural. Ofrece la posibilidad de participar en las actividades agrarias de la finca, pasear por el plácido valle de San Tirso de Abres, por las orillas del rio Eo, degustar la cocina tradicional en el restaurante y descubrir todos los secretos y encantos que tiene la comarca Oscos-Eo.
Encanto rural
Así, la zona de camping cuenta con parcelas para tienda, caravana y autocaravana con césped y tendal, en una zona con sanitarios con agua caliente, lavadora, botiquín, etc. Y, si queremos alojarnos en las cabañas de madera, hay varias unidades decoradas con estilo rústico y sencillo pero funcional. Constan de una habitación de matrimonio y otra con dos camas, un salón-cocina (con un sofá cama) y un cuarto de baño, y están equipadas con ropa de cama, toallas, menaje de cocina, vitrocerámica, nevera, calefacción y wifi. Hay servicio de cuna y trona para bebes. Cuentan con una zona verde particular delante de cada una de ellas y son idóneas para una escapada en pareja o para unas vacaciones en familia, ya que permiten disfrutar y participar en las actividades agrarias de la finca, pasear por el plácido valle de San Tirso de Abres y por las orillas del salmonero río Eo, recorrer alguna de las rutas de senderimso señalizadas y degustar la cocina tradicional en el restaurante de Amaido.
Mar y montaña
Además, el entorno de Amaido nos brinda excepcionales paisajes de mar y montaña, no en vano estamos en la comarca Oscos-Eo, límite natural entre Galicia con localidades costeras como Figueras, Castropol, Vegadeo y Ribadeo, que comparten este brazo de mar, la ría del Eo, junto a suaves colinas, prados, pinares y eucaliptos. Y hacia el interior, localidades como Santa Eulalia, San Martín y Villanueva de Oscos, donde el agua y el hierro han fraguado la historia de unos pueblos que conservan tradiciones de antaño, aldeas semiabandonadas y naturaleza en estado puro.
Es decir, un mágico enclave entre el mar y la montaña donde detener el tiempo para dejarse rendir al encanto del pausado devenir de cada jornada, al despertar del gallo, al ladrido de un perro, al corretear de unos niños que ayudan a dar de comer al ganado…




